lunes, 7 de enero de 2013

¿A LA IZQUIERDA O A LA DERECHA?



El momento de tomar los alimentos es uno de esos instantes en el que podemos vernos los rostros, es decir, mirarnos frente a frente, lo que posibilita entablar conversaciones que pueden extenderse más allá de la sobremesa. De este hecho cotidiano surge la motivación del presente escrito, ya que, durante uno de los almuerzos que tomé en compañía de los hermanos de la comunidad claretiana de San Félix el pasado mes de diciembre, el P. Jesús Abad me preguntó el nombre del partido político del cual surgió el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto. Le mencione al P. Abad que el nombre de dicho partido es: Partido Revolucionario Institucional (PRI), y añadí que, a groso modo puede considerarse como de centro, a diferencia del Partido Revolucionario Institucional (PRD), calificado como de izquierda, en contraste con el Partido Acción Nacional (PAN), posicionado como de derecha.

Ante tal panorama planteado por mí, el P. Jesús Abad me pregunto: “¿Y usted, a qué posición pertenece?”, o lo que es lo mismo, quería que le dijera si soy de izquierda, de centro o de derecha. Mi respuesta ante tal cuestión fue: “no se decirle padre”, a lo que él respondió, “le voy a dar unas clases de política.

Bien me vendrían unas cuantas sesiones sobre política para poder aclarar por fin que es eso de la izquierda y la derecha en cuanto a partidos políticos se refiere, dejando de lado lo de “centro”, porque seguramente esta posición siempre tendrá tendencia hacia alguna de las dos mencionadas polaridades.
Pero continuando con la charla de comedor, otro argumento del que me serví para justificar mi “neutralidad política” ante el P. Jesús Abad, fue mi procedencia socio-cultural. Considero que el lugar en donde pase mi infancia, adolescencia y parte de la edad adulta,  no generó las circunstancias necesarias para que me hiciera con una conciencia político-partidista lo suficientemente clara, como la de no pocos venezolanos.
En este sentido, es que me parece que el sector de la sociedad en el que crecemos, es en gran medida el responsable de proveernos con el andamiaje necesario que nos posibilita ir distinguiendo las diferentes opciones en cuanto a partidos políticos se refiere. De allí que, podría decirse que las clases sociales más vulnerables económicamente hablando, tengan una fuerte tendencia para apoyar propuestas políticas que les abran el panorama hacia una mejor condición de vida, postulados que pretenden extender los derechos de unos pocos favorecidos hacia las grandes mayorías empobrecidas, lo que de fondo conlleva la idea de un reparto justo de bienes, en contraste con las clases más acaudaladas que apuestan por la centralización del poder (económico, político, religioso, mediático, etc.) en favor de unos pocos.
Partiendo de estos “supuestos”, podemos preguntarnos: ¿Con que tipo de ideología puede identificarse lo que algunos llanamente solemos llamar izquierda o derecha? He aquí el que a mi juicio es un gran conflicto, me refiero a la pretensión de querer reducir tan dramáticamente el fenómeno político a dos simples categorías, ya que, estos conceptos no alcanzan a encerrar la enorme complejidad que implica la dinámica político-partidista, debido a que al interior de esta esfera se generan tensiones que la mayoría desconocemos o somos incapaces de explicar.


Finalmente esto no deja de ser más que el esbozo de un neófito sobre el asunto en cuestión, ya que para esclarecer las dudas, que mejor que acudir a los especialistas en política, así como a la inmensa cantidad de literatura que hay al respecto, allí podremos encontrar respuestas fundamentadas, incluso sobre la historia de cómo se acuñaron las palabras “izquierda” y “derecha” para hacer referencia a tendencias políticas opuestas. Lo que si podemos ir reflexionando incluso una vez terminada la lectura de este breve escrito, es la propia posición política.  ¿Soy de izquierda o de derecha? Tal vez tengamos materia de sobra para una buena sobremesa, buen provecho.

Ángel

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